La yuca: un mundo por redescubrir para la bioeconomía colombiana |EL ESPECTADOR

2022-09-16 18:11:25 By : Ms. Stella Dong

El refrán bíblico “Nadie es profeta en su tierra” puede fácilmente aplicarse al hablar de la yuca, un producto con gran potencial para la bioeconomía que no ha sido aprovechado a cabalidad y cuyo máximo esplendor bioeconómico ha tenido lugar fuera de Suramérica. Más allá del alimento tradicional que representa, esta versátil raíz tiene un enorme potencial para ser un cultivo sostenible, con la posibilidad de aprovechar las diferentes partes de la planta para generar nuevos bioproductos con alto valor agregado y dinamizar diversas cadenas de valor.

En Colombia la yuca se cultiva en los 32 departamentos, pero casi la totalidad de la producción se centra en la raíz para consumo humano, mientras que las variedades industriales para producción de almidón representan el 7 %. La demanda de almidón de la industria colombiana es más alta que la oferta, por lo que en 2020 se importaron 13.400 toneladas, equivalentes a US$6,5 millones (Legiscomex, 2020). Por otro lado, las hojas de la planta de yuca, que contienen un gran poder nutricional con importante porcentaje de proteínas, se desechan en Colombia y varios países latinoamericanos.

Una de las oportunidades más atractivas del almidón de yuca es la producción de bioplásticos. La tendencia mundial para regular y reducir el consumo de plásticos procedentes de fuentes fósiles es una oportunidad para nuevos materiales basados en recursos biológicos. Los bioplásticos representan el 1 % de la industria mundial de plásticos, pero su crecimiento se estima en 20 % promedio anual hasta 2024 (European Bioplastics, 2020). Los colombianos consumen aproximadamente 24 kilos de plástico por persona al año (MADS, 2019), lo que representa 1,1 millones de toneladas al año. Esto muestra un mercado significativo para la sustitución de este material a partir de opciones biodegradables, minimizando impactos en contaminación y cambio climático.

Otras características interesantes de la yuca son su perfil sensorial neutro, que no proviene de organismos genéticamente modificados (OGM) y es libre de gluten, lo que la hace apta para celíacos. Además, tiene un gran potencial para la circularidad. El afrecho, las cáscaras y hojas que resultan de la cosecha y producción de almidón o harina se pueden reutilizar en la industria de alimentación animal y también en la industria de producción de biomateriales (Canales y Trujillo, 2021). Esto muestra el potencial de dinamizar diversas cadenas de valor y generar nuevos ingresos.

¿Cómo lograr entonces que la yuca obtenga el papel protagónico que merece en la bioeconomía colombiana? Para esto será necesaria la innovación en el ambiente institucional, empresarial y tecnológico.

Priorizar este biorrecurso en las políticas públicas, como la de bioeconomía, es fundamental. Los incentivos son claves para promover la producción y transformación en almidón, harina y biomateriales, y para reutilizar su biomasa residual con estándares de sostenibilidad ambiental, social y económica. Es imprescindible destinar más recursos para investigación y desarrollo de biomateriales, promoviendo alianzas más fuertes entre los empresarios y las universidades. Se requieren incentivos para minimizar la importación de almidón y producirlo a escala local, así como para incluir los productos derivados de la yuca en los alimentos balanceados, promoviendo el desarrollo rural.

En el ambiente organizacional se requiere fortalecer los servicios de extensión rural a los productores y las asociaciones para mejorar la competitividad y sostenibilidad. Los acuerdos en la cadena de valor son fundamentales para mejorar el poder de negociación de pequeños productores, minimizar barreras a los empresarios y fortalecer las iniciativas de gremio. Las empresas que utilicen, transformen y generen innovación a partir de la yuca, sus hojas y subproductos deberían tener exenciones impositivas y ayudas financieras.

En el aspecto tecnológico, es importante avanzar en la modernización del cultivo, mejorando prácticas como la fertilización, el manejo integrado de plagas, los sistemas de riego y la inocuidad de las semillas. Es fundamental avanzar hacia sistemas más sostenibles de producción con tecnologías climáticamente inteligentes, que mejoren la productividad sin sacrificar la biodiversidad. Uno de los retos tecnológicos pendientes es la masificación del tratamiento de las aguas residuales para la producción de almidón de yuca que, por su alto contenido de cianuro, es sin duda uno de los problemas ambientales más destacados de la industria del almidón.

Un mundo de posibilidades económicas para generación de empleo e ingresos se podría derivar de la tradicional yuca, pero es necesario redescubrirla para que se convierta en el profeta de sostenibilidad en su tierra.

* Instituto de Ambiente de Estocolmo, Centro de Latinoamérica.